“Si no voy, mi hijo morirá”: niños enfermos salen de Gaza para tratamiento

Ibrahim, por su parte, rebosaba de emoción. Cubriendo su ojo ciego con las manos, exclamó: “No quiero perder la vista en el otro ojo. Quiero un trasplante de córnea para poder ver de nuevo y jugar al fútbol como antes”. Luego, con una sonrisa, agregó: “Espero que todos los pacientes puedan viajar y sanar, para que volvamos a ser como antes de la ofensiva”.

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Los días pueden ser iguales para un reloj, pero no para un hombre. MARCEL PROUST.

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