El padre de Saed, mi vecino de campamento mientras estuve en Deir-Albalah, se quedó en el norte de Gaza, mientras su familia huyó hacia el sur. Pasaron meses separados, con la angustia de no saber si seguían vivos o no. Durante 15 meses, Israel impuso una barrera entre las zonas del enclave para controlar el movimiento de la población. Pero, finalmente, llega el día de la libertad, el día en que esa barrera se romperá.
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