¿Cómo era la noche antes de que un interruptor de luz cambiara nuestras vidas?

Por supuesto, si hay una actividad que pide la noche es la de los asuntos sexuales. En la Edad Media se consideraba la sexualidad únicamente como una trasgresión a las normas morales establecidas por la Iglesia, pero en ningún momento nada obsceno o sucio. De todas ellas podemos destacar el supuestamente oficio más antiguo del mundo: la prostitución. No estaba prohibida, sino todo lo contrario, hasta el punto de que en la mayor parte del sudeste de Francia había un prostíbulo público regentado por las autoridades municipales. Es más, el burdel se construía con dinero público y era arrendado a una ‘abadesa’ o un gerente que reclutaba a las pupilas, luego de ser aceptadas por el oficial de justicia. Por otro lado, no es cierto que las prostitutas fueran vagabundas y extranjeras: en general solían ser mujeres de la región y solo un 15% estaban de paso, siguiendo a aventureros. En general, la prostituta empezaba a trabajar con 17 años. ¿La causa? Una cuarta parte por culpa de una violación y otra cuarta parte era introducida por su propia familia. Solo un 15% entraba por propia iniciativa, sin ningún tipo de coacción ni por efecto de la pobreza.

No hay duda que el sueño es la primera necesidad de la noche. Al contrario de lo que podemos creer, los europeos preindustriales no volaban a sus camas tan pronto como anochecía y permanecían en ella hasta que el sol despuntaba por el horizonte. En realidad se daba un sueño segmentado: la mayoría experimentaba dos intervalos de sueño. El primero empezaba con la puesta de sol y duraba varias horas. Era seguido de un intervalo de vigilia de una hora o algo más y un segundo sueño hasta el amanecer. El tiempo entre sueños se destinaba al rezo, la conversación, la intimidad o los trabajos de la casa.

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Los días pueden ser iguales para un reloj, pero no para un hombre. MARCEL PROUST.

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