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La ciencia del champú

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Uno podría pensar que para lavarse el pelo basta con un poco de jabón y agua. Error. El jabón suele ser alcalino, lo que hace que las células de la cutícula se hinchen y adquieran un aspecto áspero dando al pelo un tono apagado. Para evitarlo, los antiguos libros de belleza recomendaban enjuagar el pelo con vinagre o zumo de limón, que hace que tenga una aspecto brillante y suave. Por esta razón encontramos en champús y acondicionadores algún ácido, generalmente ácido cítrico.

Ahora bien, la situación se complica porque el champú sólo actúa sobre las zonas donde hay cargas positivas, con lo que el pelo pierde su equilibrio eléctrico. Los cabellos, electrificados, tienden a repelerse y se ponen a bailar el twist, enredándose. Si encima nos cepillamos el pelo justo después de secarlo agravamos el problema: así lo electrificamos aún más.

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