“La residencia estaba abierta a todos los pueblos de Dios sobre la base de la fe, no de la raza. De hecho, el escritor de Hebreos explica que la tierra nunca fue su deseo o herencia final, sino una residencia temporal hasta la venida de Jesucristo. Su herencia eterna, y la nuestra, es celestial, no terrenal”, explica Sizer.
Deja un comentario

