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Desde esos primeros pingüinos prehistóricos hasta los actuales, encontramos una amplia variedad de restos fósiles que describen cómo la selección natural fue favoreciendo la presencia de determinados rasgos.

Las alas van cambiando su forma y la distribución de sus plumas, desde unas alas heredadas de animales voladores, y por tanto, casi totalmente adaptadas al vuelo y con cierta capacidad para el buceo, hasta alas totalmente adaptadas al buceo. Las patas traseras fueron adoptando una posición más posterior, óptima para mantener una forma hidrodinámica.

Esto fuerza al animal a mantener una postura de reposo erguida en tierra. Para mantener un equilibrio tan precario, el centro de gravedad debe ser bajo; en consecuencia , la parte superior de las extremidades traseras termina oculta dentro del cuerpo, con las patas dobladas, y caminando en cuclillas, dando la apariencia de unas patas cortas y torpes. Sin embargo, al entrar al agua y extender las patas, con ellas se extiende el cuerpo, que pasa a tener una forma de huso.

Se estima que en el Oligoceno tardío, hace entre 23 y 27 millones de años, el aspecto general de los pingüinos era ya prácticamente definitivo; así lo muestran los fósiles del género Kairuku, cuyo plan corporal es casi idéntico al de los pingüinos modernos, y solo cambia en algunos aspectos puntuales relacionados con la forma de la cola o del pico.

Fue un proceso evolutivo largo y complejo, que dio como resultado final unas aves extraordinarias, totalmente adaptadas a la vida acuática. Pero no fueron las únicas en la historia de la evolución.

Las aves dentadas marinas del Cretácico

Aunque el pingüino tiene el título de ganador indiscutible entre las aves en la carrera por conquistar el mar, hay otros grupos con adaptaciones que los aproximan al hábitat acuático.

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Anátidas, gaviotas, cormoranes, zampullines o flamencos son algunos ejemplos. Sin embargo, antes, mucho antes de que aparecieran estos grupos, a mediados el período Cretácico, otro grupo de aves ocupaba el mismo hábitat que hoy ocupan los pingüinos, salvo que, a diferencia de estos, se distribuían por el hemisferio norte: el grupo Hesperornithes, unas aves con cuello largo, incapaces de volar y adaptadas a la vida acuática.

Son el único grupo conocido de dinosaurios marinos del Mesozoico. Por un lado, todas las aves pertenecen al grupo de los dinosaurios. Y cabe destacar que otros famosos animales marinos de la época, como Mosasaurus Ichthyosaurus, no eran, de hecho, dinosaurios.

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