Rosalía Paniagua

Prisión perpetua para la empleada doméstica que mató al ingeniero

Rosalía Paniagua, la empleada doméstica que asesinó al ingeniero jubilado Roberto Wolfenson Band en su casa de un country de Pilar en febrero de 2024 fue condenada a prisión perpetua. El tribunal consideró que la mujer le robó a su empleador y para ocultar ese hecho lo mató.

El Tribunal Oral en lo Criminal Nº4 de San Isidro, compuesto por los jueces Esteban Andrejin, Osvaldo Rossi y Victoria Santamaría Guglielmetti, dictaminó la culpabilidad de Paniagua por el crimen. De esta forma los magistrados coincidieron con el pedido de la fiscal del juicio, Laura Capra, que había solicitado la prisión perpetua para la imputada. Esto se debió a que fue considerada culpable del robo calificado por la utilización de un arma de fuego en forma impropia en concurso real con homicidio criminis causa.

En una postura diferente, la defensa de Paniagua afirmó que su clienta “tuvo dolo de robar, pero no de matar” y que Wolfenson “la atacó” primero, por lo que ella solo habría buscado defenderse. En este escenario, buscaba que la imputada fuera condenada por “homicidio en ocasión de robo”, cuya pena habría ido entre los 8 y los 25 años.

Tras la lectura de la condena, Tomás Farini Duggan, el abogado de los hijos de Wolfenson, calificó la sentencia como “una decisión justa” y consideró demostrado “que Paniagua mató para lograr la impunidad del robo”. De esta forma valoró que “los familiares de Wolfenson no solo conocen la verdad, también saben que no volverá a cometer delitos”.

El caso

Según la teoría de la investigación, impulsada por el fiscal Germán Camafreita, la empleada doméstica habría intentado robar objetos de valor de la vivienda de la víctima, ubicada en el country La Delfina, cuando fue descubierta por Wolfenson. En este contexto, Paniagua mató al hombre ahorcándolo con una soga u otro elemento similar. Aquel 22 de febrero de 2024 la homicida finalizaba una suplencia de 30 días en el domicilio de la víctima.

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Al otro día, el profesor de piano de Wolfenson se acercó al domicilio para una nueva clase, pero no pudo ingresar como lo hacía habitualmente. Tras varias horas intentando entrar, el profesor logró su cometido con un vecino de confianza de la pareja y con la aprobación de la pareja de Wolfenson (que estaba de viaje) pero encontró al jubilado asesinado.

Al principio Paniagua había expuesto otra versión del mismo hecho. De acuerdo con sus primeras declaraciones, la pareja del ingeniero le habría pedido que le revisara el celular porque creía que él le había sido infiel. “El señor me descubrió agarrando el celular y empezó la pelea, la discusión”, señaló la trabajadora. Dijo que después la empezó a insultar.

Con ese discurso había llegado a este juicio que comenzó el 3 de noviembre pasado. Sin embargo, en la tercera audiencia del juicio, Paniagua admitió su responsabilidad por el homicidio ocurrido en medio del intento de robo. “Se me fue de las manos”, reconoció la exempleada doméstica sobre el asesinato de su empleador, al recordar que el ataque ocurrió tras la amenaza de denuncia de Wolfenson.

Las idas y vueltas

En los instantes posteriores al hallazgo del cadáver, el primer médico forense que revisó el cuerpo sostuvo que Wolfenson había muerto por un infarto de miocardio porque sufría arritmias. De todas formas el fiscal Andrés Quintana, el primero que llegó al lugar de los hechos, solicitó que le realizaran una autopsia.

Finalmente el análisis arrojó como resultado que fue víctima de un homicidio por “estrangulamiento a lazo”, aunque nunca se encontró el material y se cree que pudo haber sido un cordel, cable, soga o hilo muy delgado. “Además tenía un corte en la parte posterior del cuello, hematomas internos por el ahorcamiento y signos de defensa en las manos y brazos”, sostuvo un investigador al respecto. Junto a todo ello, el ADN de Paniagua estaba debajo de las uñas de su víctima, lo que reforzó la teoría del forcejeo entre ambos.

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Parte de las sospechas que apuntaron desde el principio contra Paniagua era que desde las horas posteriores al asesinato se creía que el homicidio podría haber ocurrido en situación de robo. Sin embargo, no se encontró forzado ningún acceso a la vivienda de Wolfenson y todos los ambientes estaban ordenados.

Sobre el celular del ingeniero, el único faltante en el hogar, dejó de emitir señales ese mismo día, a las 13, cuando Paniagua se retiró del lugar de los hechos y se movilizó hasta Presidente Derqui en tren. En esa estación le extrajo el chip y finalmente la pareja de la empleada doméstica lo habría vendido. Lo que determinó la suerte de la mujer fue la cámara de seguridad de Trenes Argentinos instalada en esa estación. Desde que se descubrió esa filmación Paniagua dejó de ser simplemente la última persona que había visto con vida al ingeniero jubilado a ser la principal sospechosa.

Tras la condena, otro juicio

Si bien el veredicto final confirmó la sentencia a perpetua contra Paniagua, el caso todavía no fue del todo aclaradoCamafreita, de la Fiscalía Nº 4 de Pilar y responsable de la investigación, denunciará penalmente al médico legista Marcelo Rodríguez y a un integrante de la empresa de urgencias y emergencias Vital.

La acusación contra ellos, enmarcada en otro expediente, se fundamenta en que examinaron el cadáver –lleno de evidencias de una defensa contra un ataque físico– y consignaron que Wolfenson había fallecido de un ataque cardíaco cuando solo con un golpe de vista la médica forense percibió que era un homicidio. En este sentido, el fiscal explicó que la errada observación de Rodríguez impidió la preservación correspondiente de la escena del crimen, con la consecuente adulteración de pruebas.

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