La empresa anthropic

Piratería por parte de una IA generativa

La semana pasada, la empresa Anthropic, una de las líderes en IA Generativa (IAG) y desarrolladora de Claude, aceptó pagar 1.500 millones de dólares a los autores cuyos libros había utilizado para entrenar sus herramientas. La cifra es récord para casos de “piratería” y los tres autores estadounidenses que iniciaron la demanda colectiva festejaron el acuerdo. Sin embargo, agrupaciones como el Consejo de Escritores Europeo aseguran que no hay mucho para festejar, sobre todo porque los escritores siguen sin poder pedir que sus obras no sean utilizadas. El juez de California del Norte que lleva la causa decidió a principios de junio que el entrenamiento de IAG con contenidos protegidos por copyright, como los libros, implica “fair use” o “uso justo”.

Extractivismo cognitivo

Desde el punto de vista del magistrado, el hecho de que una IAG utilice millones de libros para entrenarse y producir contenidos es comparable a lo que hace cualquier ser humano al leer, aprender e inspirarse para escribir. Lo polémico es que la escala de la capacidad de una IAG no tiene nada que ver con la humana: una sola IAG que aprenda de millones de obras puede hacer un sinfín de nuevos libros, algo imposible para cualquier ser humano aislado. Es decir que en lugar de miles o millones de personas que producen contenidos y viven de ello, lo que se habilita de esta manera es que un puñado de empresas tome el conocimiento humano a escala, lo mezcle para venderlo y concentre la renta de esa tarea automatizada. Esto puede verse como extractivismo cognitivo: se toma un recurso de muchos (en este caso la inteligencia o el talento) para beneficio de unos pocos.
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¿Por qué es el pago entonces? El delito, desde el punto de vista del juez, es que Anthropic descargó los libros de plataformas ilegales, una violación a las leyes que protegen el copyright. Según la empresa reconoció durante el juicio, descargó cerca de 500.000 libros de esas plataformas. Ante las alertas de que podía ser demandado por “piratería”, comenzó a comprarlos y escanearlos, algo que desde el punto de vista del juez no constituye delito. El fallo sienta un precedente problemático para otros casos presentados contra empresas que desarrollan IAG. Por lo pronto, Anthropic acordó pagar 3.000 dólares a cada uno de los autores que encuentre su nombre en este listado y que daría un total de 1.500 millones de dólares. Aún falta que el juez apruebe el acuerdo. “Por más que el volumen total de dinero suene gigantesco, son tres mil dólares por cada obra”, explica Santiago Caruso, ilustrador y miembro fundador de Arte es Ética, un colectivo creado por quienes protestan por el uso descontrolado de sus obras para entrenar IAG. “Supongamos que un autor tenga tres libros, aunque muchos deben tener solo uno, y sacan nueve mil dólares a cambio de que usen de acá la eternidad su obra para generar derivados. Eso implica que el sistema siga explotando toda la obra que capturó y que el escritor no tenga laburo porque tendría que competir contra derivados artificiales sin poder quejarse. Esos derivados artificiales pueden ser incluso párrafos que surjan textualmente o construcciones o ideas que el escritor desarrolló”, agrega.

La línea del uso justo

“El uso justo parece ser la línea en Estados Unidos”, explica Bea Busaniche, Magister en Propiedad Intelectual y docente (UBA). “Parece que todo se va a decantar por ese lado en cuanto al entrenamiento. Lo que no se puede es atribuir uso justo cuando el material utilizado fue conseguido de formas ilegítimas. Ese es el límite”. En un juicio contra Meta, el magistrado consideró que los demandantes no habían presentado suficiente evidencia de que la IAG de la compañía les quitaría trabajo.
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Para Busaniche, la pregunta clave es “¿Para qué todo esto? Porque si lo vamos a usar para jugar con la creatividad, puede ser súper interesante; pero si lo vamos a usar como reemplazo del conocimiento humano y de los acervos culturales que tenemos como humanidad, va a ser un problema serio. Es una cosa filosófica pero si todo el conocimiento humano va a estar atravesado por conocimiento digerido y regurgitado por los sistemas de IAG, vamos a perder la noción de la historia, la filosofía, la sociología, las construcciones del conocimiento humano. Y lamentablemente esto es pensado en un sistema capitalista que lo único que pretende es maximizar la renta sin redistribución. Así no va a terminar en otra cosa más que en daño social profundo”. “Lo ideal hubiera sido que se avance hacia el juicio”, explica la ilustradora Naida Jazmín Ochoa, coordinadora de Arte es Ética. “Todos esperábamos eso porque podía hacerle un daño mucho más significativo a Anthropic. La lectura que hacemos es que si Anthropic ofrece este arreglo es porque vieron que podían perder muchísimo más. Como cifra global es significativa y puede ser un buen incentivo para que más abogados quieran involucrarse en demandas contra estas empresas. De hecho, en la misma semana surgieron dos nuevas demandas”. También para Ochoa la cifra por autor es insignificante. “No compensa ni mucho menos remedia, todo el daño hecho y el daño por hacer. Desde el momento que se ingresan obras en un motor de IAG, que luego a su vez se distribuye, licencia, vende, cede y va pasando de mano corporativa en mano corporativa… le terminás perdiendo el rastro. Microsoft ahora va a usar parte de la IAG de Anthropic vinculada a Office 365″.
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