Qué hacer ante las facturas infladas. A pesar de las tarifas congeladas, crecen las denuncias por boletas de luz con consumos mal estimados. El Enre dispuso que se debe tomar el menor consumo de los últimos tres años, pero las distribuidoras acumulan incumplimientos. El temor a los cortes aunque estén prohibidos.
Hay usuarios que creen que hubo un aumento de tarifas encubierto. Otros que buscan sacar un crédito de apuro para pagar facturas de 20 mil o 30 mil pesos. Los intentos por contactar a las distribuidoras eléctricas para formular reclamos terminan generalmente en la nada. Son todos motivos que renuevan la tensión en un vínculo cargado de conflictos entre miles de clientes y las prestadoras de ese servicio esencial, sobre todo en tiempos de cuarentena y crisis económica. La nueva andanada de quejas de usuarios de Edenor y Edesur, entre otras distribuidoras, es por el incumplimiento de las empresas de la resolución oficial que determina cómo deben facturar los consumos mientras no se pueden realizar las lecturas habituales de los medidores por la circulación del coronavirus. El ente de control del sector, el Enre, y también lo hizo el Enargas para las distribuidoras de gas, dispuso que las facturas en esta etapa particular deben considerar el menor consumo de igual bimestre de los últimos tres años. Por ejemplo, si un usuario residencial utilizó 380 kilovatios en el tercer bimestre de 2017, 350 kilovatios en 2018 y 310 kilovatios en 2019, ahora debería pagar por 310 kilovatios. Sin embargo, se amontonan las facturas que no respetan esa indicación y, para seguir el ejemplo, el usuario recibe una factura con un consumo estimado de 418 kilovatios, como se ve en la foto de la boleta de la izquierda que acompaña esta nota. En la segunda boleta se comprueba que el consumo en el segundo bimestre de 2019 había sido de 387 kilovatios, pero ahora le facturaron por 439 kilovatios. En algunos casos, las estimaciones de consumos sin atenerse a la regla dan lugar a saltos en las facturas porque se pasa de una categoría de usuario a otra superior, con un cargo fijo mucho más elevado. De acuerdo a la experiencia de entidades de consumidores, muchos clientes no saben qué hacer y cuando intentan elevar el reclamo a las empresas se encuentran con múltiples trabas para ser atendidos. Las oficinas comerciales están cerradas por la cuarentena. Los organismos reguladores dictaminaron que las distribuidoras de luz y gas deben reforzar los canales de atención remota, a través de las líneas 0800, páginas de Internet, redes sociales y aplicaciones, pero en la práctica existen enormes dificultades para acercar las quejas. En conclusión, frente al temor de acumular deudas muchos terminan pagando como sea. Si no tienen el dinero, piden prestado o sacan un crédito para no correr el riesgo de intimaciones. Son situaciones habituales en este momento, señala Claudio Boada, director de la Unión de Usuarios y Consumidores. “Los usuarios no saben si les cobraron bien o los estafaron”, advierte el especialista. Un primer obstáculo para corroborar que el consumo estimado sea el menor de los últimos tres años es que en las boletas solo figura la comparación con igual bimestre del año anterior, pero no con los consumos de 2018 y 2017. Como 2017 fue un año con temperaturas más templadas, por lo general hubo una menor utilización de la electricidad, pero para confirmar que haya sido así los clientes tienen que rescatar las boletas de ese momento. En la práctica, la gran mayoría no lo hace y las distribuidoras avanzan con facturaciones abusivas. El Gobierno dispuso por decreto que hasta fin de año se mantienen congeladas las tarifas de servicios públicos y las empresas no podrán cortar el suministro por atrasos en los pagos. Pese a ello, los datos de morosidad muestran que en el caso de la electricidad no hubo un aumento significativo. El promedio se mantiene prácticamente igual que antes de la cuarentena, en torno al 30 por ciento de atrasos, lo cual representa de por sí un nivel alto como resultado de los años de crisis con Cambiemos. En marzo y abril, la morosidad había escalado a cerca del 40 por ciento, pero en este momento bajó otra vez al rango del 30 por ciento. Edenor y Edesur están obligadas a informar ese dato todas las semanas al Enre, que hace el seguimiento de la situación. La interpretación de ese registro casi estable en un momento de enorme crisis económica y caída de los ingresos de la población es lo que se mencionó más arriba: los usuarios temen a las presiones de las empresas, a la generación de deudas impagables, que los hacen sentir en riesgo por más que en este momento los cortes estén prohibidos. La dificultad para solucionar los problemas de facturación, más ahora que es tan engorroso obtener respuesta de las compañías, termina llevando a los clientes a pagar de cualquier modo, aunque tengan que endeudarse por otro lado o les cobren cualquier cosa.Mirá También: Por el ajuste, el 57% de los argentinos usa sus ahorros para afrontar gastos mensuales
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