Una de las autoras de ese paper, y la única mujer, fue Margaret Burbidge. Empeñada en ser astrónoma en una época en la que ese terreno estaba vedado a las mujeres, Burbidge hizo aportaciones fundamentales en ese campo sobrepasando todas las barreras. Nunca aceptó ningún tipo de discriminación por el hecho de ser mujer. Tampoco ninguna discriminación positiva.
Concebida en el armisticio
Burbidge nació en Davenport, Reino Unido, el 12 de agosto de 1919. En una autobiografía que escribió para la Annual Review of Astronomy and Astrophysics en 1994 contaba divertida que cuando a los 11 o 12 años aprendió algunas cosas sobre la vida, como la concepción de los niños, se dio cuenta que la suya propia debió coincidir aproximadamente con el armisticio que dio fin a la Primera Guerra Mundial. “Mi emoción al contarle mi deducción a mi madre no fue recibida con ningún entusiasmo ni más explicaciones”. Sin embargo, su interés por la ciencia si fue alentado en otros aspectos. Su padre era profesor de química y su madre había sido una de sus alumnas. Cuando ella era muy pequeña la familia se trasladó a Londres donde su padre pasó a trabajar en la industria química, obteniendo varias patentes que resultaron ser muy lucrativas. En una entrevista que dio en 1978, Burbidge contaba que fue a los 4 años en un viaje que hizo con su familia de vacaciones a Francia la primera vez que se fijó en las estrellas. “Un niño que crece en Londres no ve demasiado el cielo a causa de tantas nubes”.Los apagones de la guerra, una oportunidad para mirar al cielo
Entró en la University College de Londres en 1936 y allí estudió astronomía, física y matemáticas, graduándose como la primera de su clase tres años después. Obtuvo el doctorado en la Universidad de Londres en 1943. Durante los años que duró la Segunda Guerra Mundial trabajó cuidando y manteniendo el telescopio del observatorio de la universidad, un trabajo que habitualmente llevaban a cabo hombres. Esto le permitió realizar observaciones para sus propias investigaciones, que además se vieron fortuitamente favorecidas por la guerra: los apagones en la ciudad por la falta de energía y para dificultar los bombardeos hicieron que ver las estrellas fuese más accesibles de lo que habían sido en años.
¿De dónde viene la materia?
Fue en esta época, concretamente en 1957, cuando Burbidge, junto con su marido, el físico americano William Fowler y el astrónomo inglés Fred Hoyle, publicó en la revista Reviews of Modern Physics su trabajo científico más famoso, considerado uno de los más influyentes de su época: Síntesis de los elementos en las estrellas. En él explicaban que casi todos los elementos químicos que forman la materia conocida, del aluminio al zinc, se generan en las reacciones que tienen lugar en el interior de las estrellas. Por entonces ya se sabía que los elementos más ligeros, como el helio o el hidrógeno, se habían originado en el Big Bang, pero otros elementos más pesados, como el carbono, el oxígeno, el oro o la plata, la materia que nos conforma a nosotros y todo lo que nos rodea, era el centro de un inconcluyente debate.
En contra de la discriminación, también la positiva
Su trabajo le dio una gran relevancia científica. A principios de los años 60 se incorporó a la Universidad de California San Diego y terminó siendo la primera directora de su Centro para la Astrofísica y Ciencias del Espacio. Entre 1972 y 1973 fue directora del Royal Observatory británico. Según recoge su necrológica en The New York Times, fue sorprendente para muchos que ese puesto no fuese acompañado del nombramiento de Astrónoma Real, algo que suele ser automático desde que se fundó el observatorio en el siglo XVII. Fue la primera mujer que presidió la Sociedad Astronómica Americana entre 1976 y 1978. A principios de los 70, sin embargo, fue noticia por rechazar un premio, el Annie Jump Cannon, otorgado por la Sociedad Astronómica Americana y entregado a mujeres astrónomas. “Tengo fuertes sentimientos en contra de cualquier tipo de discriminación, y eso incluye la discriminación a favor de las mujeres”.
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