Oda a la cacerola

La cacerola es un objeto que envidia al

lenguaje, es la colisión de la cosa y el sentido,

y es hartazgo des-muteado.

Contiene el silencio vencido por la espera trasvasado a su boca que sabe abrirse a tiempo cuando golpea con un objeto sólido.

Una cacerola es un utensillo metafórico. Las más de las veces reposa en cocinas , pasa de vacía a llena y de nuevo a vacía. Las menos, pero las más ruidosas de las veces, es el continente que sirve para desatar un estallido.

Entonces la cacerola muta a estandarte. Es capaz de llevar de la mano a transeúntes hasta donde la multitud imanta. Estar manija es el término que se usa para dar cuenta de tal suceso: devenir manija es el estado en que el cuerpo sufre ese apoderamiento radical que lo arroja fuera de camas y casas, montado sobre sus piernas súbitamente andantes.

Es la cacerola la que manijea cuando el vaporoso hartazgo emerge del metal y se desprende, buscando terminales nerviosas y cable a tierra.

La cacerola es el objeto medium entre la rebelión humana y el mundo.

No es sin ardor que funciona, si reposa no es cacerola sino apenas recipiente.

Las cacerolas transcurren su vida cerca de la tierra y el asfalto pero en particulares circunstancias amenazan con levantar vuelo. Dicen algunxs que entonces piden pista y pueden atraer con su canto a helicópteros.

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Los días pueden ser iguales para un reloj, pero no para un hombre. MARCEL PROUST.

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