En dos días, el fuego arrasó 200 hectáreas y diez viviendas en Puerto Patriada, en la localidad chubutense de El Hoyo. Alrededor de 700 personas tuvieron que ser evacuadas.
Sofía Nemenmann, abogada ambientalista y documentalista, destacó que, gracias al operativo organizado por el Servicio Provincial de Manejo del Fuego (SPMF), se evacuaron pobladores y turistas alojados en hoteles y campings y no hubo heridos. El intendente de El Hoyo, César Salamín, contó que las casas incendiadas –ubicadas dentro de zonas boscosas– estaban en condiciones vulnerables “por el bosque, la sequía y la cantidad de frentes activos”.
El fuego comenzó a las 14.30 del lunes, pero según el funcionario, la situación empeoró porque el incendio “no dio tregua en toda la noche, con viento y temperaturas altas”. El operativo movilizó a 230 bomberos y brigadistas locales, provinciales y de localidades cercanas.
¿Por qué se quemó tan rápido?
Nemenmann explicó que “son pinares desmanejados, sin ningún tipo de gestión, con lo cual se han extendido libremente entre terrenos privados y en la montaña misma”. Los pinos son un tipo de árbol exótico en el territorio que tiene características distintas a las especies nativas y se prendan fuego con más facilidad. Una vez que los incendios terminan, habiéndo consumido también árboles autóctonos, el pino vuelve a colonizar el territorio, agravando el problema.
Por esto, para Nemenmann, ya antes del fuego todo indicaba que Puerto Patriada era una zona candidata a incendiarse: “estaba absolutamente desatendida”. “Lo que se necesita es un plan de restauración, que después del incendio se monitoree y maneje esa zona para que no se vuelva a prender en dos años, porque sino estamos todo el tiempo repitiendo una historia”, agregó. Hace 10 años la zona se incendió y la población de pinos aumentó. Científicos del CONICET ya lo habían advertido.
“Los funcionarios públicos de las jurisdicciones a cargo de estos grandes incendios, automáticamente salen a decir que ya están buscando al culpable y que nadie se preocupe que va a haber justicia… y la verdad es que acá más que salir a buscar un culpable hay que empezar a trabajar en prevención. A esta altura diría que lo sabemos todos. Es la falta de voluntad política para invertir donde conviene invertir, donde es rentable para no estar viviendo todos los veranos lo mismo”, agregó Nemenmann.
En esta línea, Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace, señaló: “La crisis climática exige prepararse para un aumento de los incendios y la dirigencia política debe dejar de negar o subestimar esta situación. Se precisa mucha más prevención, brigadistas e infraestructura, tanto a nivel nacional como en las provincias, para dar respuesta rápida a los múltiples focos que luego se vuelven incontrolables. La sequía, las altas temperaturas, el viento y los pinos exóticos aumentan los riesgos”.
El Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) informó que dieciséis provincias y la Ciudad de Buenos Aires estuvieron en alerta por peligro extremo de incendio y continuarán a lo largo de la semana. El pronóstico trimestral mantiene la alerta para muchas provincias. Giardini señaló que, si bien las provincias patagónicas aumentaron sus brigadistas provinciales, como el Gobierno Nacional recortó los fondos de la Ley de Bosques y del Fondo Nacional de Manejo del Fuego, casi no tienen financiamiento.
Riesgo de incendios extremo
En lo que va de la temporada se incendiaron 4.134 hectáreas de bosques y pastizales andino-patagónicos, según la información oficial. El incendio más extenso fue el del paraje chubutense El Turbio que afectó a 3 mil hectáreas y actualmente se encuentra controlado. Giardini explicó que este incendio comenzó por un rayo de una tormenta eléctrica. Esto es cada vez más frecuente: “Hay estudios que hablan de que el cambio climático está provocando esas tormentas eléctricas que no eran lo común en esta zona o en esta época, que ya de por sí es seca”, agregó.
En la provincia también se quemaron Villa Lago Rivadavia (15 hectáreas), Epuyén en la zona del Cerro Pirque (270 hectáreas), el Río Pico (4 hectáreas) y el Lago Menéndez en el Parque Nacional Los Alerces (287 hectáreas). En Río Negro hubo tres focos pequeños –Cerro Otto y Runge (Bariloche) y Ñorquinco (Carlos Cuyanao)– pero el gobierno, ante el temor de que se repita una temporada como la anterior, declaró la emergencia ígnea.
En el Parque Nacional Lanín de Neuquén hubo otro incendio menor. Sin embargo, en el Parque Nacional Los Glaciares en la zona del Cerro Huemul (Santa Cruz) continúa activo un incendio que lleva 340 hectáreas consumidas. Para Giardini las áreas a cargo de Nación –cerca de 5 millones de hectáreas– son las más complicadas: de los 700 brigadistas necesarios, estas áreas protegidas tienen 400. De haber incendios simultáneos de gran magnitud, el sistema de extinción no daría abasto.
“Hay un intento de las provincias, más que de Nación, de atacar rápido el fuego, pero las condiciones de que un incendio de un foco se extienda dependen mucho de las condiciones climáticas de ese día: si hay mucho viento, baja humedad, alta temperatura, puede generar ahí una expansión rápida. Las provincias patagónicas sí están coordinándose entre ellas, para hacer una acción temprana ante los focos y están anunciando a la población -más temprano que el año pasado- que no hay que hacer fuego”, dijo Giardini.























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